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"Romario – Dios nos lo ha mandado." Las palabras del entrenador Carlos Alberto Parreira dicen todo el aprecio del que goza el delantero en su patria brasileña. Quien quiera explicar el cuarto triunfo mundial de los sudamericanos en la Copa Mundial de la FIFA 1994 en los EE.UU., no le queda prácticamente otro remedio que nombrar a Romario. En ese año, en Brasil se desató una fiebre Romariomanía. Pues la victoria final de Brasil contra Italia en el estadio Rose Bowl de Pasadena/Los Angeles fue el momento estrella de Romário de Souza Faria Filho, llamado Romario. Es un tipo pequeño al que también se le llama con cariño "Baixinho" (el pequeño). Pero sus rendimientos fueron enormes. En la 15 Copa Mundial de la FIFA en los Estados Unidos de América el delantero tuvo éxito en todos los partidos de la ronda preliminar. En la semifinal contra Suecia él solo decidió el partido.
Este "nieto" del gran Pelé pasó a ser el nuevo delantero maravilloso. Romario jugó los siete partidos de la Copa Mundial de la FIFA y se lo agradeció a su entrenador Parreira regalándole cinco goles, tres "Assists" y un tiro maravilloso en el penalti decisivo del partido. Mientras que otras estrellas como los italianos Roberto Baggio o Franco Baresi fracasaron, Romario junto con Branco y Carlos Dunga mantuvieron los nervios y añadieron al resultado de 0:0 tras la prórroga el 3:2 final con un "Penalty-Shoot-Out". Así ganó Brasil por cuarta vez la Copa Mundial de la FIFA después de 1958, 1962 y 1970. Después de una larga pausa de 24 años, la "Selecao" volvió de nuevo allí donde los brasileños quieren ver siempre a su selección: a la cima. Brasil lloraba de alegría. Pero el triunfo se vio mezclado con la pena y el ensimismamiento. De ello se ocuparon las estrellas brasilianas en la ceremonia de la entrega de los premios. Repentinamente Romario y sus camaradas de equipo sacaron además de la bandera nacional brasileña una segunda tela en la que podía leerse: "Senna, aceleramos todos. ¡El cuarto título es para nosotros!" En el momento culminante de la cuarta victoria de la Copa Mundial de la FIFA, los profesionales del fútbol recordaron a su compatriota fallecido poco antes de la Copa por accidente, Ayrton Senna, uno de los mayores pilotos de Fórmula 1 de todos los tiempos. Todo el mundo siguió entusiasmado con Romario durante largo tiempo, el frío ejecutor de los mágicos brasileños. Sus pases dobles con Bebeto eran geniales. El dominio del balón de Romario dejaba maravillados a los rivales. Sus regateos y disparos suponían serios problemas para las defensas y los guardametas. Su modo de jugar y su seguridad en meter goles le convirtieron en un jugador excepcional. Parreira se había decidido nombrarlo como delantero justo antes de la Copa Mundial de la FIFA. Romario fue declarado también futbolista mundial del año 1994. Fue otro punto culminante más de su fabulosa y encantadora carrera. Las raíces de Romário de Souza Faria Filho están arraigadas a las Favelas de Río de Janeiro. Allí nació Romario el 29 de enero de 1966. Pesaba sólo 1,8 kg. y sufría de dísnea.
No es un mundo hermoso, el Favela Jacarezinho, en el que se está familiarizado con la pobreza. Pero gracias al arte de poder hacer con el balón más que otros, Romario logró el salto para salir de la miseria, siendo así una nueva prueba de que el fútbol en muchos países posee la función de una escala social de progreso. "Ya de joven siempre quise jugar adelante, en la delantera, y meter goles", nos cuenta Romario de sus comienzos. Su padre, Edvair Faria de Souza, fue en su juventud también el entrenador del club y fomentó el talento de su hijo, que al principio metía goles en cadena para el Olario Atlético Club de Río de Janeiro. Un amigo del padre arregló el cambio al club de la Primera Liga, Vasco da Gama, en cuyo departamento juvenil continuó su desarrollo. El 6 de febrero de 1985 llegó por fin su debut con 19 años en el equipo de la Liga de su club. Dos años más tarde debutó en la selección nacional el 23 de mayo de 1987 contra Irlanda. En 1988 el pequeñín pasó a ser con siete goles el mejor goleador del torneo olímpico de fútbol en Corea del sur y ganó con Brasil la medalla de plata. A partir de entonces Romario regateó por todo Europa y Sudamérica y jugó para el PSV Eindhoven y el FC Barcelona, Flamengo Rio, Vasco da Gama y Fluiminense Rio. Participó en la Copa Mundial de la FIFA 1990 en Italia, pero sólo jugó 65 minutos debido a un suspenso en el primer partido y a una lesión sufrida poco antes de celebrarse la Copa Mundial de la FIFA. Los entrenadores no lo tenían fácil en dirigir a Romario. A veces no aparecía a los entrenamientos, otras prolongaba sus vacaciones sin permiso. Poco antes de la Copa Mundial de la FIFA 1998 no superó el test de condición. Después de dos años de abstinencia, se le nominó de nuevo en mayo del 2000 para la selección nacional, pero el entrenador Felipe Luiz Scolari, a pesar de las fuertes protestas de los fans, no le tuvo en cuenta para la Copa Mundial de la FIFA 2002 en Japón y Corea del sur. A menudo el fantástico jugador aparecía en las malas noticias de los medios publicitarios. Su nombre estuvo relacionado con el consumo de drogas, corrupción y defraudación fiscal. En el entrenamiento sufrió una vez una depresión nerviosa. En agosto del 2004 - con 38 años - fue acusado por sus dos anteriores esposas y sus cinco hijos por la falta de pago de alimentos y fue detenido temporalmente. Romario poseía el aura de una diva antojadiza. Sus fans le llamaban con gusto el "Maradona de Brasil". Con 71 goles en 88 partidos internacionales sólo le sobrepasa Pelé con 95 goles en la clasificación brasileña. Otros estadísticos han calculado 56 goles en 74 encuentros internacionales. La diferencia se puede explicar en que los brasileños también consideran como partidos internacionales los encuentros entre equipos de clubs. Además, las nominaciones a la alineación también las consideran como “partidos internacionales“, aunque no se llegue a jugar en ellos. La carrera de Romario fue declinando desde el verano del 2004. Pero como ha ocurrido a otros grandes jugadores, le costó mucho aceptar el desaparecer de la primera plana. Qué estimación gozaba el delantero lo demuestra el hecho de que el entrenador nacional Carlos Alberto Parreira le sacó de nuevo el 27 de abril del 2005 como última despedida a un partido internacional. Cuatro años después de haber llevado la camiseta amarilla contra Uruguay, Romario jugó en Sāo Paulo 39 minutos en un 2:0 contra Guatemala. En el minuto 17 metió un gol con la cabeza con ya entonces 39 años. Mientras sonaba el himno nacional lloró como un chiquillo, convirtiéndose el partido para él en una fiesta. 36 000 fans dieron gritos de júbilo al despedirse del escenario del fútbol. “Romario, el Papa del balón“ se leía en una pancarta de los hinchas. Al meter el gol, Romario lleno de alegría mostró un mensaje escrito en su camiseta sudadera: “Tengo una princesa de hija“. La pequeña Ivy había nacido un mes antes con el síndrome de Down. El hombre, que fue la estrella mundial de la Copa Mundial de la FIFA 1994, dijo que echaría de menos la sensación de júbilo al meter un gol. Realmente no sorprende a nadie el que el brasileño eche de menos las emociones de la suerte, pues en su carrera futbolística metió más de 700 goles en más de 1000 partidos. Otros expertos de estadísticas han contado incluso 900 goles. |