|
Alguien dice que incluso el Titanic se hundió por culpa suya. Desde hace más de 300 años vaga el mito del holandés errante por los siete mares. La leyenda del buque fantasma nació en el Cabo de Buena Esperanza. |
|
|
Verdaderamente no es ningún hermoso destino: Perseguido por una maldición eterna, condenado a navegar sin reposo por los mares y sin poder bajar a tierra. Huido y temido por todos con los que se encontraba y además sin paga. Pero no lo quiso de otra manera, el capitán del holandés errante, aquel legendario buque fantasma, cuya historia revestida de mitos ha sido estupenda a lo largo de los siglos para algunos papeles de historias fantásticas de la gente de mar. Según la leyenda – de la que hay versiones innumerables – en el siglo XVII el capitán de un buque holandés intentó inútilmente rodear con su barco el difícil Cabo de Buena Esperanza al Sur de África. |
|
|
Tormentas y vientos contrarios hicieron fracasar todos sus intentos hasta que el capitán ya frustrado maldijo a Dios y firmó un pacto con el diablo que le permitió finalmente continuar el viaje pero a un precio muy caro. Además de ello el buque fantasma - desde entonces temido - poseía fuerzas sobrenaturales. Así pues el buque famoso ahora como holandés errante surcaba los mares a toda vela aún sin pizca de viento, se dice que podía volar por encima del agua. Quien se tropezaba con el buque, según la leyenda, estaba condenado a la perdición. Sólo disponía de una posibilidad de salvarse quien se declaraba dispuesto a llevar a bordo el correo de la tripulación. Y solamente si clava en el palo mayor las indeseadas cartas... Todavía hoy merodea la historia por los tugurios portuarios. Ah, algún que otro capitán de barra de bar opina que también el Titanic se tropezó en su época con el buque de los malditos y sólo por eso es por lo que colisionó con el funesto iceberg. La última vez que se vio al holandés errante fue al parecer en octubre de 1959, por el capitán del carguero holandés “Straat Magelhaen“, aunque parece que ser que con el paso de los años ha sufrido bastante la mala influencia del buque fantasma, pues el testigo sobrevivió el encuentro y pudo relatar: “Sus velas estaban completamente hinchadas y pudimos ver a un hombre en el timón. Cuando iba a chocar con nuestro barco, desapareció en la oscuridad.“ Así también, en el “Pequeño diccionario de demonios y espíritus elementales“ se registra que el holandés errante se sitúa entre el rey pez ”Fischkönig“ y el espíritu de las cascadas ”Fossegrim“. En cualquier caso el holandés errante pertenece a la misma categoría de fenómenos sobrenaturales que el monstruo del lago Ness o el hombre de las nieves Yeti. Históricamente no está probado si la saga posee un fondo verídico. Pero es indiscutible que el Cabo de Buena Esperanza, es decir la ruta marítima de Europa a la India, está considerada como una región muy peligrosa. |
|
|
La Montaña Mesa garantiza bolsas inesperadas de aire, los temidos vientos de invierno que soplan del sureste hacen casi imposible rodear el Cabo incluso a los capitanes más duchos. Han chocado cientos de barcos con los ocultos arrecifes hundiéndose. En las primeras fases de la época marítima también se han debido ver a menudo los llamados barcos fantasma. |
|
|
Pero estos destinos no tenían sus raíces en los pecados religiosos de las tripulaciones. Más bien podía haber ocurrido que enfermedades como el escorbuto o la peste habían decimado tanto a la tripulación que el resto de ella no podía maniobrar más el barco. Ningún puerto quería aceptar tampoco un barco que llevara la epidemia a bordo. Así ocurría que finalmente toda la tripulación perdía la vida y el barco continuaba su viaje a toda vela durante algún tiempo. La historia del “Holandés errante“ al menos se siguió pasando de boca en boca durante siglos y no sólo en las tabernas de puerto. El propagador más famoso fue naturalmente el compositor alemán Richard Wagner, cuya ópera “El Holandés Errante“ no se sitúa en el Cabo sino en las costas de Noruega, pero actualmente, más de 250 años después de su primicia en Dresden, se cuenta entre las obras clásicas más apreciadas del siglo XIX – desde en las mayores óperas del mundo hasta en los escenarios más ínfimos de marionetas como por ejemplo en el Teatro de marionetas de Bamberg en Alemania. También el escritor romántico alemán, Heinrich Heine, introdujo la saga del Holandés Errante en su narración “Memorias del Señor de Schnabelewopski“, que por cierto debió inspirar a la ópera de Richard Wagner. Según Heine, el holandés maldecido a errar eternamente debido a un pacto firmado con el diablo sólo podía librarle de esta maldición el amor de una mujer y esta “idea realmente dramática“, afirmó Wagner, fue lo que le pareció un tema interesante. En todo caso, la interpretación artística de la saga encontró imitadores durante todas las épocas. Así por ejemplo el grupo de música, Jethro Tull, dedicó en 1979 su canción “Stormwatch“ al Holandés Errante, y también los colegas del grupo de Rock Duro Iron Maiden lo resucitaron de nuevo estrepitosamente en ”Run Silent, Run Deep“. Naturalmente el capitán fantasma también apareció en el cine, por ejemplo en la segunda y tercera parte de la serie de Hollywood “Piratas del Caribe“ con Johnny Depp, en la película de los años 1950 ”Pandora y el holandés errante“ protagonizada por James Mason y Ava Gardner – e incluso en la serie de dibujos animados ”Bob esponja“. Realmente el Holandés Errante ha recorrido una carrera multimedial como ningún otro marinero antes o después de él – incluso en Walt Disney. Pues también el pato Donald junto con sus sobrinos y tío Dagobert se han encontrado con el buque fantasma. Pero en el cómic, el buque volando por el mar en noches tormentosas se revela como un velero encerrado en un iceberg, cuya imagen gracias al concierto entre las “radiaciones eléctricas del campo magnético terrestre“ y las luces polares flota como un espejismo por el Mar del Norte – así es como se lo explican al menos los miembros resabidos de la organización Jóvenes Castores: Jaimito, Juanito y Jorgito. Actualmente la fama del Holandés Errante ha perdido color. En todo caso, el capitán del buque fantasma se tiraría de los pelos si supiera todo lo que se ha hecho con su nombre. Por ejemplo, se denomina “Flying Dutchman“ a una clase de embarcación, a un tipo de barca de vela, que seguro que con su gracia no tiene nada en común con el enorme buque diabólico. Y lo que es más terrible aún: El Holandés Errante tiene que errar como un fantasma por los diferentes negocios de todo el mundo: salones de peluquería, bares u hoteles. En Alemania, por ejemplo en la ciudad de Potsdam junto a Berlín, lejos del mar, se ofrecen menús de patatas asadas en el “restaurante tradicional el Holandés Errante “ y en la Selva de Baviera, donde el mar está más lejos aún, los turistas de la “curiosa ciudad de Zwiesel“ encuentran alojamiento en la “ Pensión familiar el Holandés Errante“. Y también en Bulgaria, Sierra Leona, en la antigua República Democrática de Alemania o en Uganda – el pobre hombre cumple su cometido como motivo para sellos. Sólo un nuevo “Flying Dutchman“ posee el derecho real de llevar el nombre. Para llegar al cabo Point en el Cabo de Buena Esperanza, o sea al punto más meridional del Cabo, lo mejor es tomar el funicular con tal nombre. El viaje de ida y vuelta cuesta 40 Rand, pero por suerte sin maldición eterna. |